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La República, noticias económicas, financieras y empresariales de Colombia y el mundo. La República

Oct 19, 2026  Twila Rosenbaum  20 views
La República, noticias económicas, financieras y empresariales de Colombia y el mundo.
                        La República

Mis respetos, Benito Antonio Martínez Ocasio

La actuación de Bad Bunny en el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl se convirtió en mucho más que una pausa musical dentro de la final de la NFL. En un escenario seguido por millones de personas, el artista puertorriqueño aprovechó quince minutos para proyectar una idea de América Latina diversa, orgullosa y conectada con sus raíces. Lo hizo desde su propio estilo, sin renunciar a su identidad ni a su manera de entender el entretenimiento, pero con un gesto que fue leído por buena parte del público como una reivindicación cultural y política.

El nombre real del intérprete es Benito Antonio Martínez Ocasio. Esa diferencia entre el personaje y la persona fue precisamente uno de los ejes de la presentación: Bad Bunny es la estrella global, pero Benito Antonio fue quien puso el cuerpo, la voz y la posición pública para enviar un mensaje sobre lo latino, lo hispano y el lugar de Puerto Rico y del continente en la conversación estadounidense. El show no se limitó a repasar éxitos: construyó una narrativa sobre pertenencia, migración, éxito y dignidad.

Hechos clave

  • Bad Bunny protagonizó el espectáculo de medio tiempo del Super Bowl, uno de los eventos musicales más vistos del año.
  • El artista actuó bajo su nombre real, Benito Antonio Martínez Ocasio, y utilizó el escenario para reivindicar sus raíces latinas y puertorriqueñas.
  • La presentación ocurrió en un contexto de tensión política y migratoria en Estados Unidos, con operativos del ICE y disputas con países de América Latina.
  • Durante el show mencionó países de todo el continente, desde Chile hasta Puerto Rico, y cerró con la frase “Seguimos aquí”.
  • Incluyó tres guiños en inglés: “God bless America”, “United States” y la participación de Lady Gaga.
  • Eligió ropa de Zara y evitó marcas de lujo, un detalle que fue interpretado como parte de su mensaje de cercanía y identidad.
  • Días antes había recibido el Grammy al mejor álbum del año por un disco cantado íntegramente en español.
  • El partido terminó con la victoria de los Seattle Seahawks, aunque la conversación pública se concentró en la actuación musical.

Un escenario global para una comunidad enorme

El Super Bowl es, ante todo, un fenómeno de masas. Solo en Estados Unidos lo ven más de ciento cuarenta millones de personas, y a nivel mundial la audiencia supera los doscientos millones de espectadores. Para un artista latino, disponer de ese escaparate supone una oportunidad excepcional. Para el público latino, ver a uno de sus referentes ocupar el centro de ese escenario tuvo un valor simbólico que excede la música.

En Estados Unidos, una de cada cinco personas tiene origen latino. Esa realidad demográfica no siempre se refleja con la misma fuerza en los grandes espectáculos, en los medios o en la conversación política. Por eso, la elección de Bad Bunny como protagonista del show de medio tiempo fue recibida con entusiasmo por una parte de la audiencia y con desconcierto por otra. Algunos vieron un reconocimiento merecido a la pujanza cultural latina; otros consideraron que un evento tan asociado a la cultura estadounidense debía tener un perfil más reconocible para el público angloparlante.

La presentación mostró que ambas cosas pueden convivir. Hubo música, coreografía, invitados y un despliegue visual pensado para un público global. Pero también hubo un discurso. El artista no ocultó su origen ni su lengua. Al contrario, puso el español en el centro y obligó a una audiencia mayoritariamente angloparlante a acercarse a una expresión cultural que no necesitaba traducción para transmitir emoción, fuerza o pertenencia.

El contexto político que rodeó la actuación

El show no ocurrió en un vacío. Semanas antes, el debate migratorio en Estados Unidos había vuelto a ocupar titulares por operativos del ICE y por hechos de especial gravedad, como las muertes registradas en Minnesota. Al mismo tiempo, la política exterior estadounidense hacia América Latina acumulaba gestos de tensión: la captura y detención de Maduro en Venezuela, el préstamo millonario a Milei en Argentina y las amenazas de intervención militar contra México y Colombia por supuestas redes de narcotráfico, según el contexto descrito en el artículo que inspiró esta reconstrucción.

Ese clima explica por qué la actuación fue interpretada como algo más que un concierto. La referencia a una nueva versión de la Doctrina Monroe, rebautizada en el texto como Doctrina Donroe, actualiza un viejo debate sobre la relación entre Estados Unidos y el resto del continente. La idea de “América para los americanos”, entendida como una licencia para intervenir o condicionar a los países del sur, sigue generando rechazo en amplios sectores de América Latina. En ese marco, un artista puertorriqueño que reivindica su identidad en el escenario más visto del país adquiere una dimensión política inevitable.

Del Grammy al Super Bowl

La actuación no fue un hecho aislado. Días antes, Bad Bunny había recibido el Grammy al mejor álbum del año, un reconocimiento histórico para un disco cantado íntegramente en español. En su discurso, el artista destacó el orgullo por sus raíces y defendió poner “el amor entre las personas por encima del odio en toda América, y en especial en un país multicultural como el suyo”. Esa declaración anticipó el tono de lo que ocurriría después en el Super Bowl.

La expectativa alrededor de su presencia también se notó en la rueda de prensa previa al partido. La atención mediática superó incluso la que suele concentrar la final de la NFL, un dato revelador de cómo la figura de Bad Bunny se ha convertido en un fenómeno que trasciende la música. Su capacidad para mover audiencias, generar conversación y ocupar espacios tradicionalmente reservados a otras industrias explica por qué su nombre estuvo por encima del propio evento deportivo.

Los símbolos de la presentación

Durante el show, el artista mencionó uno a uno los países que componen América, desde Chile hasta su querido Puerto Rico. Lo hizo como una forma de recordar que lo latino no es una categoría abstracta, sino una suma de territorios, historias, acentos y culturas. Al final, lanzó el ovoide contra el suelo con rabia y pronunció una frase que resume el espíritu de la noche: “Seguimos aquí”.

Hubo tres guiños a la lengua y la cultura del país anfitrión. El primero fue “God bless America”, pero entendiendo América como continente y no como país. El segundo fue la mención de “United States” al enumerar las naciones. El tercero fue la participación de Lady Gaga, una artista extraordinaria y camaleónica que aportó un puente entre públicos y confirmó que el espectáculo estaba pensado para una audiencia amplia, sin renunciar a la identidad latina.

El vestuario también tuvo lectura. Nada de marcas de lujo: Zara fue la elegida. El detalle puede parecer menor, pero encaja con un mensaje más amplio. Lo latino, lo hispano, no es solo cultura, fiesta, mestizaje, empatía y simpatía; también es éxito empresarial sin fronteras. La elección de una marca accesible, conocida por amplios públicos, reforzó la idea de que el orgullo por los orígenes no está reñido con la proyección global ni con el consumo masivo.

Reacciones y lectura de una noche histórica

Las reacciones fueron variadas. Hubo quienes celebraron el gesto como una bofetada simbólica a la ignorancia y al matonismo político. También hubo quienes criticaron el show por considerar que no conectaba con el público tradicional del Super Bowl. Sin embargo, el hecho de que millones de personas hayan hablado de la actuación, de sus símbolos y de su mensaje demuestra que el objetivo se cumplió: el espectáculo dejó de ser solo un interludio musical y se convirtió en un acontecimiento cultural.

La sexagésima edición del Súper Tazón pasará a la historia no solo por la victoria de los Seahawks de Seattle gracias a su formidable defensa, sino también por el año en que Bad Bunny demostró que por encima del artista está Benito Antonio Martínez Ocasio. Esa distinción es importante: el personaje construye éxitos, pero la persona toma decisiones. Y en este caso, la decisión fue usar su plataforma para hablar de identidad, de continente y de dignidad.

Incluso quienes no comparten su música o su estética pueden reconocer el valor de un gesto coherente. El respeto que despertó no proviene únicamente de los premios, de las cifras de streaming o de los estadios llenos. Proviene de haber puesto su historia personal al servicio de una causa colectiva. Los más de seiscientos millones de hispanohablantes que hay en el mundo encontraron en esa actuación una forma de decir que sus raíces también merecen el centro del escenario.

Mis respetos, Benito Antonio: los míos y los de una gran parte de una comunidad que se enorgullece de presumir de dónde viene. Te los has ganado con creces.


Source: Diario La República News


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